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El Orient Express los espera [Abierto]

Mensaje por Ambientación el Mar Ene 19, 2016 8:13 pm

El Orient Express los espera


10:00 a.m. | 26 de Noviembre, 1922
Estación King’s Cross, Londres.


Podría ser un domingo cualquiera. De no ser porque un grupo de desconocidos abordarían un tren para iniciar lo que muchos considerarían una locura; una expedición alrededor del globo. Para elaborar en este drama, la gran mayoría de ellos no conocían al patrocinador de dicha empresa. ¿No habrían pensado en situaciones adversas? Seguramente sí. ¿No habrían pensando que se trataba de un proyecto aventurado y probablemente peligroso? Quizá.

Los dos oficiales de la plataforma cuatro de la estación King’s Cross, al igual que cualquier ciudadano londinense, estaban al tanto de la historia detrás de un anuncio misterioso publicado en el Times. Sin embargo, era considerada una historia casi fantástica. De tal forma que cuando al mirar en la lista de pasajeros del próximo tren su primera reacción fue de extrañeza. Todo un vagón estaba reservado bajo el nombre de Apollo. Otra excentricidad de algún aristócrata.

Mas su reacción se transformó en una grande sorpresa cuando se dieron cuenta de lo que ocurría.

¡Dios mío, Charles! Sí se llevará acabo—exclamó el primero apuntando con su dedo índice al corto pero impactante nombre de Apollo en la lista de pasajeros. El oficial Charles frunció el ceño—Apollo. Ése era su nombre, el viaje alrededor del mundo—dijo el primer oficial con una frase entrecortada, dejando en evidencia su pensamiento atropellado debido a la sorpresa.

Jamás se había escuchado en todo Londres algo por el estilo.

El oficial Charles no dijo nada por unos instantes. —Howard, puede ser una coincidencia—dijo cauteloso, sin querer dejar entrever su emoción. —Pero en todo caso, bastará con interrogar a Míster Apollo—concluyó, tranquilizándose con la idea de que era una coincidencia—O en segunda instancia, los boletos de los pasajeros deberían de estar a nombre de él. Además, según Charles, un oficial que era en toda la extensión de la palabra, un caballero tradicional, consideraba que nadie en su sano juicio se apuntaría a esa clase de riesgos. ¿Y por qué un hombre rico gastaría su dinero de tal forma? Sacudió ligeramente la cabeza, se acomodó bien su sombrero azul y miró a el otro oficial. Ambos asintieron con la cabeza. Era hora de abrir el hangar, el bello Orient Express estaba listo para el abordaje.






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Re: El Orient Express los espera [Abierto]

Mensaje por Robert J. Baltimore el Miér Ene 20, 2016 7:03 am

¿Qué hora marcaba las manecillas de su reloj de oro? Exactamente las ocho y treinta y cuatro de la mañana, perfecto horario para terminar su desayuno y beber su café negro cortado apenas con dos gotas de coñac. El alcohol le servía perfecto para mitigar los efectos del frío incipiente que se colaba por las hendijas del ventanal que tenía de costado. Y además cumplía un segundo efecto muy provechoso: le animaba el humor, haciéndolo, quizá, un poco más encantador de lo que ya era.


Finalizó de comer y beber, mientras hojeaba el gran periódico de aquel día. Las noticias eran corrientes y regulares, y no destacó mucho más que una estafa en un banco y un accidente en plena avenida. Dobló el material de lectura en cuatro, como de costumbre y lo apoyó al costado de su taza vacía. Observó con cautela la borra que se había formado para ver si él mismo se podía adivinar la fortuna del día de hoy. Era un día importante, sin lugar a dudas, y cualquier pista sobre su aventura sería provechosa. Claro que tan sólo vio un manchón marrón oscuro y bufó por lo bajo hacia las adivinas que en viejas épocas en otras ciudades lo habían embaucado con su palabrería.


Se puso de pie, indicó a la sirvienta que retirara todo y lo esperase en la entrada de la residencia con su maleta, abrigo y sombrero ya listos. La joven morena asintió con una sonrisa y corrió con la bandeja a través del salón. Mientras, Robert, de camino hacia las escaleras se topó con su anciana madre que estaba de visita en su casa. Ésta con toda dulzura acomodó el moño de su hijo, depositando en el bolsillo superior de su saco una moneda. — De la buena suerte, hijo. — Robert le sonrió y también le dio un beso suave, mientras con una mano tomaba la otra, arrugada y débil. — Todo irá bien, madre, verás que redoblaré mi fama y clientela, ya lo verás. Con el dinero que recaude de esto te llevaré a ti y a mi padre de paseo por Paris, como cuando éramos más jóvenes. — la mujer se sonrió, era de aspecto dulce, no se podía negar. — Tan solo espero estar cuando regreses, hijo mío. — Robert torció la boca y bociferó un "Bah!", negando con la cabeza. — Ya le he dicho que no diga semejante cosa, madre. Estará esperándome, con esa sonrisa suya, en la puerta de mi hogar, ¿le parece bien así? — Ella asintió, mirando a su hijo a través de sus lentes.


Se despidieron, y él tomó las cosas y subió al automóvil manejado por su chófer personal. Ya sabía a donde dirigirse y para la fortuna de ambos el lugar quedaba cerca, perfecto para poder llegar antes y observar todo a la perfección. El viaje fue algo transitado, cada vez se amontonaban más automóviles estos días y pordioseros a su alrededor tratando de vender cualquier chuchería barata. Robert siempre los espantaba con la mano y un "Shu-Shu" poco amigable. Al arribar a la estación King’s Cross su reloj de bolsillo marcaban ya las diez y cuarenta y tres, ideal para acomodar sus pertenencias y revisar al resto de sus colegas.


Atravesó la estación con la maleta a cuestas, y aunque era pequeña, contenía varios elementos pesados de cartografía. Un ayudante del tren llegó corriendo a su ayuda para pedir la maleta y acomodarla. Robert sabía que el joven corría a él con el fin de obtener propina pero poco le importó, estaba pesada y no quería cansarse o desarreglarse a la hora de reunirse con el resto. Por eso, tomó un billete de su cartera y se lo extendió. — Lo acomodas con cuidado, que si encuentro algo en mal estado me encargaré personalmente que te despidan. — el joven asintió temeroso con la cabeza, y regresando lento y pisando despacio se perdió entre la gente en dirección al tren. Robert no lo perdió de vista, pero empezó a acerca, de forma elegante a dos hombres de sombreros azules, probablemente los maquinistas o quizá los oficiales. — Buenos días, caballeros. Estoy aquí para la... Expedición de Apollo. — dijo aclarando su garganta y sacando el boleto de su bolsillo. — ¿Será que ya puedo pasar y sentarme? ¿Debo de aguardar algo? — su mirada se depositaba en uno y el otro con velocidad. Estaba ansioso, necesitaba pronto saber más información.
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Re: El Orient Express los espera [Abierto]

Mensaje por Theo Adler el Miér Ene 20, 2016 10:49 pm

Para alguien que jamás había salido de Europa, Theo se encontraba inusualmente tranquilo el día que dejaría todo que conocía atrás. Ni siquiera reparaba en la gravedad de la situación. Simplemente sabía que se le presentaba una excelente oportunidad y debía de tomarla. Detrás de eso se escondía una motivación por lo lejano y lo desconocido. Le dio una última calada a su cigarrillo mientras veía con fijeza un mapamundi y seguía una línea más o menos certera de cómo sería el recorrido. —Nueve mil seiscientos kilómetros—murmuró recorriendo con su mirada de Londres a Hong Kong. Arrugó un poco su nariz, al calcular los días que les tomaría llegar hasta ahí. Serían semanas, si no es que un mes.

Se levantó de su silla, mirando pragmáticamente alrededor de su despacho. Si el alemán fuera sentimental le inundaría la nostalgia que viene de forma natural al darte cuenta que, aunque temporalmente, dejas atrás tu hogar. No por una apreciación especial de aquel lugar, sino por el simple hecho de que te has acostumbrado al espacio, te es familiar, y hasta cierto punto, forma parte de tu identidad. Pero Theo no tenía más hogar que él mismo. No tenía más obligaciones que las de su empresa y no tenía lazos que entristecieran su día de partida.

Ajustó su moño azul marino con un ademán elegante, producto de la experiencia que sólo se puede adquirir tras varios años. Tomó de su mesa su diario en donde llevaba el registro comercial de su empresa y asió la maleta negra que estaba a un lado de su silla con la decisión que se tiene cuando se hará algo importante. Se retiró en silencio de la habitación, como cerrando un capítulo de un libro.

A la estación King’s Cross—indicó a su chofer tras salir de su residencia, el cual asintió y le asistió con su equipaje. A juzgar por el exterior, deberían cerca de las nueve de la mañana. Estaba más que holgado de tiempo para tomar el tren. Debía de admitir que se sentía intrigado por todo el asunto del secretismo alrededor del viaje. ¿Quién sería Apollo? Se preguntó si lo conocería por casualidad. Debía de ser un hombre rico, sin lugar a dudas, por lo que quizá habían cruzado miradas en alguna reunión en Londres. O quizá podría tratarse de un extranjero. Las posibilidades estarían ampliamente abiertas hasta que lo conociera. Sus pensamientos saltaron de ahí a Hans. Soltó un suspiro. Le daría por primera vez la oportunidad a aquel joven de que, en su ausencia, estuviera al mando de la empresa. Si no resultaba un desastre, a su regreso le daría algún tipo de bonificación.

El coche se detuvo en frente de la bella estación ferroviaria.  Le sorprendió ver una cantidad inusual de automóviles transitando el lugar. —Parece que hoy en día cualquiera puede comprar uno—dijo para sí, alzando una ceja. Su chófer bajó la única pieza de equipaje que llevaba consigo. Lo despidió con cordialidad y pasó a dirigirse a su plataforma. Ya había un par de personas esperando a que abrieran el acceso. Afortunadamente, tras un par de minutos unos oficiales de relucientes trajes azules abrieron la plataforma.

Theo sacó su boleto del bolsillo de su chaqueta azul marino. Era una prenda fina, aunque un tanto excéntrica con motivos florales. Sin embargo, la complexión y el porte del alemán le daban fuerza y personalidad a su vestimenta. Delante de él estaba un señor de apariencia refinada que habló antes que él. —Caballeros—dijo a modo de saludo mirando a los tres hombres con calidez—Comparto la situación del señor. ¿Míster Apollo ha llegado ya? Como verán, estamos todos aquí para… la expedición.
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Re: El Orient Express los espera [Abierto]

Mensaje por Carlo Vito Benedetti el Jue Ene 28, 2016 3:35 pm

El reloj de pared que marcaba la aguja pequeña a las seis y la grande a las diez daba por entendido que se había pasado diez minutos de su rutina matutina. Vito bostezo un par de veces mientras estaba acostado demostrando la flojera que tenía en aquel momento, con un poco de esfuerzo se levantó e hizo su respectivo aseo personal lo más rápido posible. Él no estaba tan cómodo principalmente porque no estaba en su hogar puesto que le había dicho a su esposa Della que pasaría aquella noche con sus padres antes del viaje de luna de miel, esa típica tradición italiana que no podía sacarse de su mente a pesar de no vivir en Italia y ambos habían quedado que se encontraría en la estación ferroviaria. No tardó más de treinta minutos en salir del cuarto, bien vestido y perfumado listo para toda la aventura que le deparaba la expedición. Antes de salir de la casa de sus padres entabló una pequeña conversación mientras se bebía una taza de té, su madre le daba una arenga sobre la importancia de la familia y siempre la misma charla que el zurdo se sabía a rajatabla.
 
Uno de los miembros de la banda criminal le hacía espera afuera de su hogar en un vehículo Ford, el conductor toco dos veces el claxon indicando que había llegado como siempre lo hacía y nada fuera de la rutinario cuando iban a buscarlo. Vito depositó un beso en la mejilla de su mamá y tomó una pequeña maleta que había arreglado con mucha paciencia el día anterior con todos sus implementos personales — Pronto leerán una carta de mi persona para que sepan cómo estoy. Cuídense y los amo —fueron las últimas palabras del italiano mientras cerraba la puerta de su residencia. Sus padres lo habían visto marcharse antes, pero esta vez era diferente hasta él sentía mariposas en su estómago y ese deseo de la muerte tan cerca. Una vez adentro del vehículo, sin mencionar ni una palabra se pusieron en marcha a la velocidad reglamentaria para evitar una sanción.
 
Benedetti observó la hora en su reloj de bolsillo y menciono al conductor — Kevin vamos a buena hora y recuerda de vez en cuando pasarle a la residencia para que todo esté bien—giró para verla la cara y añadió —. No quiero que le pase nada malo a mis padres mientras estoy fuera — Kevin hizo un movimiento de cabeza afirmativo que no quedaba más que dejar en claro todo ello.  El trayecto fue largo y pausado sin exceso de velocidad que lo hizo que llegará cerca de las ochos y cuarenta y uno. Rodaron al menos una hora y media, fue un trayecto largo aunque llegaron a su destino sin mucho problema y Kevin le bajo su único equipaje que tenía para viajar para así retirarse del lugar. Don Vito observó la multitud de gente y pensó «Que cantidad de gente, lo cual harán el  trabajo más fácil de eliminar a nuestro objetivo» sus ojos azules seguían husmeando el lugar en busca de su esposa aunque era objetivo fallado, pues no la encontraba por ningún lado y  se imaginó que aún no había llegado o estaría en el baño. En esa espera muchos malvivientes se acercaban hasta él para ofrecerle sus servicios de estibador y más de una vez negó dicha ayuda porque una maleta no le hacía peso. En su espera sacó una cajetilla de cigarro para encender uno de ellos luego de darle fuego, una pequeña calada y se fue hasta donde estaban varias personas aglomeradas para tomar el tren, varios se hacían la misma pregunta sobre la “Expedicion de Apollo” y él no era la excepción, sin embargo, prefirió permanecer callado.



Hasta un reloj parado da la hora exacta dos veces por día
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Re: El Orient Express los espera [Abierto]

Mensaje por Ambientación el Mar Feb 02, 2016 7:51 pm

El Orient Express los espera


10:05 a.m. | 26 de Noviembre, 1922
Estación King’s Cross, Londres.


El oficial Charles enmudeció por un instante al escuchar las palabras del caballero bien parecido que se había plantado frente a ellos. Sin embargo, antes de que pudiera responderle otro caballero apareció con el mismo cuestionamiento. El oficial Howard acomodó su gorra azul como si un terremoto acabara de pasar y se viera en la necesidad de ajustar con fuerza dicha prenda. Parecía que la gente no dejaría de llegar con las mismas preguntas, así que Charles se aclaró la garganta y se dirigió al grupo que se aglomeraba cerca del tren.

Para todos los pasajeros del Orient Express, cordialmente los invitamos a abordar el tren. Éste saldrá al medio día en punto con destino a París, Francia—anunció el oficial y después hizo una pequeña pausa. No sabía cómo debía de tratar la siguiente situación pero indudablemente se requería una explicación—Para todos aquellos portadores de un boleto patrocinado por Míster Apollo, encontrarán sus cabinas en el coche-cama de primera clase. No tenemos más noticias por parte de la expedición—se limitó a decir para concluir con su anuncio.

Posteriormente, tanto Howard como Charles se apresuraron a tomar los boletos de los pasajeros que estaban ansiosos por abordar. Los ayudantes del Orient ya habían bajado y recibían el equipaje –comúnmente pesado y caro– de los que serían prácticamente sus amos por los siguientes días. Para aquellos que ya hubieran incursionado adentro del vehículo, encontrarían bellos espacios lujosamente decorados, litografías de art nouveau, cristalería y muebles finos.






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